** No, sinceramente, no sé nada **
Toda tormenta va precedida por una inexplicable calma, contenida en el silencio de las entrañas de las más terribles y destructoras fuerzas. Es una mañana como otra cualquiera, quizá; es un día para cortar, trozo de película, y meter en la cubeta de los líquidos que harán posible su revelado y posterior visión; así y todo, no nos engañemos, no habremos obtenido la prueba de ninguna verdad contundente. Al otro lado de la casa, después de cruzar el pasillo y pasar bajo palio de telas de araña, tiritan esqueleto y tuétanos que dejé colgados de la percha de tres patas, gato negro de ojos de cristal.
Fuera de todos los sagrados recintos un ser espera obtener el permiso para entrar y ser bendecido, espera obtener la bula para que en las vacías palmas de sus manos aparezcan panes y peces y saciar el hambre de un mundo, espera la redención de todos los pecados de éste y otros mundos mientras yace sobre tu cuerpo desnudo, desmadejado por el cansancio, tierno como pan recién horneado.
Toda tormenta llega a su fin para traer la inquietud de otro tipo de calma. Entre sien y sien, entre pecho y espalda hay gusanos blancos de ojos negros de alfiler rompiendo, escarbando, implantado ecos de miedo que congelan la acción, que disparan el pensamiento, bala de cañón, hacía las simas de la desesperación. Y uno no puede más que atar las manos al timón y embestir de frente la madre de este huracán con olas gigantescas, embestir, pelvis contra pelvis, este acto sagrado y sacrílego que es hacernos el amor, otros, ya muy cascados y jodidos, dirán que estábamos jodiendo; no te ruborices, amor, ellos no saben que es amar porque siempre al joder jodieron al otro sin abrirse camino hacia el interior, sin abrirse ellos mismos para ser penetrados.
Y no sé que tiene esta vida que en ocasiones me sabe sosa, me sabe a poco, me sabe a sudor agrio de axilas en metro, en bus, en la encerrona sin paliativos de un ascensor que no lleva a parte alguna.
Arranco de un histriónico manotazo la mascara que cubría mi alma y les dejo un rostro ensangrentado y preocupado por contemplar. No comprendo que tienen sus ojos que patinan sobre la verdad, mi verdad, su verdad, las verdades universales en las cuales nuestras mentes nada tienen en juego. Y sus oídos no escuchan mis sonidos, y sus bocas vierten chillidos incomprensibles, y sus tactos son de látex perfumado con vaselinas que evitan dejar huella, y sus ojos te escupen de regreso la imagen en llamas de una acusación sin fundamento, y sus pasos son siempre hacia atrás; sostengo el corazón entre mis manos, le masajeo, le hablo dulce para que no pare hoy entre tanto caos.
En el edificio gris de las mil y dos ventanas alguien muere mientras alguien acaba de nacer. El partir o el llegar se me asemeja ahora nítidamente lo mismo.
****************************************
Y no sé, francamente, el porqué
de este tú, de este yo, de este nosotros
bailando como lobos salvajes en la sabana de las sábanas.
Y no sé el cuándo ni el cómo,
ni el de dónde ni hacia el qué;
ni el porqué de estas mudas palabras
que me traspasan como flechas emponzoñadas.
No sé a qué se debe el temblor de mis manos,
la quietud de la sangre en mis venas
al contemplarte cara a cara
en la penumbra sudada de las alcobas.
Retuve la sal de tu piel sudada en la punta de mi lengua
como quien guarda pepitas de oro,
cerré en el libro no escrito de la memoria
cada paso, cada caricia de tu vergel.
Y no sé porqué deseé a mis años
que en el entrechocar de nuestras carnes
brotara la chispa de otra vida,
será el deseo, será el instinto
de extenderme en ti más allá de lo que fui,
de quien soy, de quien, a través de los tiempos,
pueda, sin consciencia de ello, llegar a ser.
Siento el redoblar de los tambores de mi civilizada jungla,
mientras anhelo ser incivilizado entre tus brazos.
No sé, y no sé el porqué
de este día de viento que tiene mi mente presa,
divina, dividida, humana, alocada
encumbradamente enamorada,
no, sinceramente, no sé nada.


Abejita dijo
¿No sabes nada? Eso es simplemente… amor, querer que la chispa de la vida sea tu continuación, vuestra continuación.
Muy hermoso el relato y el poema bellísimo.
Besitos Poeta del Barrio.
20 Abril 2006 | 05:05 PM