Pensamientos rotos
En el instante que tengo conciencia de que estas en la distancia, en que todos los sentidos me indican que estoy en la lejanía, se apoderan de mí el suicidio del pensamiento y la palabra. Vestido me veo desnudo, más aún, frente a vuestras ventanas. El lento e intestinal movimiento de los glaciares, heridos de muerte por el sobrecalentamiento global, está bajo estas baldosas, bajo los cimientos, leve y frágil capa de hormigón y varillas de hierro.
Con un automatismo sin gracia voy de la cocina al saloncillo, al pasillo, al cuarto de baño, de nuevo al pasillo, frente a las cerradas puertas de las vacías alcobas, al estudio, bajo la techumbre del porche trasero; me pierdo, moderno Robinson Crusoe, entre los pinos del bosquecillo de pinos, en vías de extinción crematoria, que planté con mis propias manos, entre los acebuches y las orejas de las higueras chumbas. Bajo este cielo de rejas y cristal sucio creo ser un pájaro a quién le han sido arrancadas mediante un certero tajo las alas.
Intento, sin resultado, cerrar el grifo de los pensamientos, de este “siento luego existo”, y en ello me va la vida, me dan las horas, me punzan los minutos, se atascan los segundos. Como un erizo me ovillo y arrincono para no volver a ser dañado.
Con las últimas fuerzas de brazos, muñecas y manos sostengo el timón de esta nave. Me río de los piratas del celuloide al izar la bandera negra tintada de sangre invisible, mi propia sangre.
-Este reloj, no lo tienen en más plano, en más pequeño…
-No, este año están de moda grandes, estos son los más “in”.
Y salgo al aire de la mañana, con la desgana en la garganta, con la revulsión que me produce el tener que llevar un carillón a la muñeca, para eso me ato con una cuerda el de pared que me regaló el abuelo, el único problema sería donde meter el péndulo y la cadenillas con las pesas.
Antes de cruzar estas dos puertas daré lustre a la coraza invisible, me encasquetaré la protección para la cabeza, ensuciaré un poco los cristales de las gafas para ver mejor, me enfundaré unos mocasines, aunque sé que todo será inútil, que iré pisando cristales quemados por las carreteras y las calles, que cientos de espinas entrarán atravesando mis pupilas y ensartando mis desesperadas neuronas.
He dejado un papel sucio dentro de una botella a la deriva, en el cual dejé con pelos y señales dónde arrojé todas las armas. Por hoy, por ayer, por un mañana: estoy harto de agresiones.



Noha dijo
Impresionada ante tus letras...
dura soledad que irrumpe en nuestras vidas, cruel cerebro que no nos permite obviar...
Gracias por compartir tus pensamientos.
Un saludo
11 Agosto 2006 | 01:23 PM