Pensamiesto
Aturdimiento al despertar, un día único, una hora cierta, acaso un minuto certero.
En ocasiones los corderos rompemos nuestros silencios; entonces los elementos callan atentos y observan como la furia, eléctrica ecuación, mana de nuestras venas infiltrada en tendones, músculos, garganta (grito congestionado que pugna por aflorar)... en este instante somos esa palanca que puede en un nanosegundo mover el Universo, somos el dormido guerrero de mirada lechosa y ciega que avanzará a pesar de que la muerte le llame.
Manan hacia los ríos más caudalosos del hemisferio sur de Asia las aguas de los sangrantes glaciares tibetanos; del mismo modo los años de esta vida fluyen, con todas sus horas y días, hacia el río que me llevará a la mar de Don Antonio Machado.
Fluir tupido y espeso de la sangre en la mente, destilación cálida, ciega, de cadalso frente a la vida, de alegría y renuncia cara a cara con lo inevitable, con lo evitable.
Abierto, desnudo oasis de paz cuando mi epidermis, dermis, carne, sangre, huesos y médula se funden en el compendio de tu carnalidad y espiritualidad; lagos de sal que fluyen a través de la ventanas de mis ojos, siempre bajo el tic-tac del péndulo de la incuestionada alegría.
Soleado día, a penas cuatro años, me están llamando y me hago el sordo correteando por el verde bosque de altas cañas de azúcar; Tuno, el perro de caza de mi tío, me sigue a todas partes, también se hace el sordo huyendo conmigo al mundo de Nunca Jamás; el espejo del cielo refleja el fugaz instante de nuestro irrepetible existir de felicidad plena, sin ambages, sin refajos, sin gasas que momifiquen nuestros sentidos. Cuando caiga este sol de justicia nos plantaremos cansados los dos bajo el dulzor oscuro de la parra del porche, abrazaré a mi tía por el cuello, la besaré frente, mejillas y me perdonará.
Sobre las rejillas de lava pétrea de mi volcán yacen dormidas tres diosas, lira, flauta, guitarra en su regazo, esperando que mis erupciones solares las alcancen por un instante. Razón tenía el poeta cuando dijo que los dioses nos envidian por lo efímero y glorioso de nuestro andar.


Elena dijo
Bienvenido poeta, aquí tu rinconcito esperándote, siempre tuvo fe, que volverías a dejar tus ansias con letras de tu alma.
29 Febrero 2008 | 07:07 AM