Dos latigazos
Cruza mi espalda el primer latigazo:
tiempo que se ha tragado el asfalto de la ciudad,
tiempo que ha sido bebido por las arenas,
olas salmodiando dioses innúmeros,
a la fresca, rizada orilla del mar.
A la entrada de la caverna de esta sociedad
recojo briznas de silencios que se perdieron
entre grito y grito, entre palabra y palabra,
ahora, tenacitas de relojero, estoy desenclavando
cada púa de guitarra muda de canción no cantada.
Cruza mi frente el segundo verdugazo,
aroma de rosas y translucido “Chanel 5”,
tras cada espuerta, por donde cruza este río
espero desnudo otro atardecer-amanecer,
que no cree distancias entre tus labios y los míos.
Espero, sin esperar, acariciando tu rostro dormido
como esta renacida primavera
funde las placas de mi coraza de quelonio;
níquel de autómata que se humaniza
a cada empuje del latir de tu corazón.
Y me callo por callar,
recojo las piezas rotas
para recomponer un ser nuevo,
para así merecer esta y otras vidas,
viviendo sin molestar ni ser molestado.
¡Ay, Dios! Que pena,
los que me quisieron crucificar
me dieron alas.




Elena dijo
Tus versos tienen el poder de llevar al lector tu mundo. Allí también mi sombra, sin molestar.
Un abrazo poeta, gracias por compartir tus poemas.
9 Marzo 2008 | 01:31 AM