Cosquillas
Quién no ha despertado al día entre risas,
una mano que entra bajo las sábanas
buscando las plantas de tus pies,
quién no, di, quién no ha sido niño.
una mano que entra bajo las sábanas
buscando las plantas de tus pies,
quién no, di, quién no ha sido niño.
Me perdí la otra noche,
no me preguntes dónde ni por qué:
los huesos pesados,
el dolor en las falanges;
fui un ser calcáreo sin forma precisa
mordido en los talones por el tiempo y sus espacios,
solo, muy solo, muy abandonado.
no me preguntes dónde ni por qué:
los huesos pesados,
el dolor en las falanges;
fui un ser calcáreo sin forma precisa
mordido en los talones por el tiempo y sus espacios,
solo, muy solo, muy abandonado.
Hay espadas que debieran permanecer envainadas,
olvidadas en su original sedimento mineral,
formas que no saben de su bien ni de su mal.
olvidadas en su original sedimento mineral,
formas que no saben de su bien ni de su mal.
Al salir el sol,
hoy dama entre gasas de nubes,
me desnudé del modo que tan sólo tú conoces:
en cuerpo y alma
para fundirme, ocre-verde-azul-rojo,
entre tierra y mar,
abriéndome camino entre nubes de golondrinas,
abriéndome camino desde lo oscuro a la luz;
descarnado entre en la boca, herida, sexo
de una caracola de mar,
añorando tu ausencia,
añorando tu presencia,
escurriéndome sobre un tobogán de nácar.
hoy dama entre gasas de nubes,
me desnudé del modo que tan sólo tú conoces:
en cuerpo y alma
para fundirme, ocre-verde-azul-rojo,
entre tierra y mar,
abriéndome camino entre nubes de golondrinas,
abriéndome camino desde lo oscuro a la luz;
descarnado entre en la boca, herida, sexo
de una caracola de mar,
añorando tu ausencia,
añorando tu presencia,
escurriéndome sobre un tobogán de nácar.
Soy el auriga que contiene los corceles
el añil de la ansiedad,
el blanco de la esperanza,
el azabache de la egolatría,
el azul de la utopía;
entretanto sobre los cuencos de mis manos
gotean minutos y horas,
días y semanas,
meses y años,
abrazando tu cintura,
danzando en la sala de los mil espejos,
entre violines y redobles de Ravel,
mientras perfumas con tu sonrisa
la duda de cualquier distancia.
el añil de la ansiedad,
el blanco de la esperanza,
el azabache de la egolatría,
el azul de la utopía;
entretanto sobre los cuencos de mis manos
gotean minutos y horas,
días y semanas,
meses y años,
abrazando tu cintura,
danzando en la sala de los mil espejos,
entre violines y redobles de Ravel,
mientras perfumas con tu sonrisa
la duda de cualquier distancia.
Y de nuevo somos niños,
Encogiendo piernas,
escondiendo pies,
para no morirnos de la risa.
Encogiendo piernas,
escondiendo pies,
para no morirnos de la risa.



abejita dijo
Cosquillitas para ti, en tus patitas andariegas.
Con mucho cariño a mi poeta favorito, felicitándolo por el lindo poema.
abejita
29 Mayo 2008 | 10:02 PM